Mario Vargas Llosa EN MARCHA (1962-1973)
Artículos de y sobre el escritor peruano
aparecidos en el semanario
Gustavo Laborde
Índice
Los motivos para realizar este trabajo
El período de Ángel Rama como redactor responsable
Biografía y bibliografía de Mario Vargas Llosa en el período relevado (1962-1973)
Sus primeros artículos en Marcha
Artículos de Mario Vargas Llosa publicados en Marcha (1962-1973)
Artículos sobre Mario Vargas Llosa publicados en Marcha (1962-1973)
Los motivos para
realizar este trabajo
La intención de analizar los artículos de y sobre Mario Vargas Llosa publicados en el semanario Marcha (1939-1974) en el período 1962-1973, se explica por un lado por la curiosidad de revisar la más importante de las publicaciones culturales de nuestro país en el siglo XX, y por otro la posibilidad de hacerlo a través de la participación de Mario Vargas Llosa –y ya que me considero uno más de los tantos entusiastas admiradores de su obra– me permitó poder conjugar en un mismo trabajo ambas preferencias.
Al mismo tiempo, teniendo en cuenta que a fines de los setenta y por razones de índole político-ideológico Mario Vargas Llosa se convertiría en un escritor controvertido, agrupé en este trabajo los artículos comprendidos en el período 1962-1973, no sólo porque tuve cierto interés en investigar las críticas que recibió por sus primeras obras, sino también para comprobar si en ellas existió o no algún motivo puramente literario que justificara las posteriores discrepancias políticas.
El 23 de junio de 1939, el Dr. Carlos Quijano (1900-1984), abogado, personalidad política del Partido Nacional, profesor universitario, economista, periodista, funda junto a un grupo de colaboradores el semanario Marcha. El mundo se preparaba para recibir la Segunda Guerra Mundial, pero las ideas de Quijano ya estaban más que claras: antifascismo, antiimperialismo, Tercera Posición, americanismo, socialismo nacional. De esta manera el semanario atrajo la atención de varias y diferentes personalidades. Aunque quedó claro desde el principio que la base ideológica era marxista.
Desde sus comienzos, Marcha no sólo se dedicó a temas políticos y económicos, tanto nacionales como internacionales, sino que lo cultural (cine, música, teatro, literatura) también conquistó un sitial importante. La sección literaria, que siempre ocupó las últimas páginas, fue la más extensa de todas.
El estilo para el análisis y la opinión punzante que marcó al semanario durante sus treinta y cinco años de vida, se impuso a nivel nacional y en buena medida latinoamericano. Así colaboraron entre otros: Ernesto Sábato, Carlos Drummond de Andrade, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Sebastián Salazar Bondy y Mario Vargas Llosa. Según lo describe Pablo Rocca en 35 años en Marcha, el semanario hizo algo más que una forma de periodismo nuevo: se manejó siempre con independencia política, en sus páginas primó la reflexión, el debate, la creación y la crítica. Fue una verdadera escuela para varias generaciones tanto de periodistas y escritores (los más importantes pasaron por sus páginas), como también lo fue para los lectores, ávidos de comprar el semanario cada viernes.
Marcha mantendría la misma postura de choque hasta 1974, cuando la censura que ejercía la dictadura militar en Uruguay provocó su cierre definitivo.
El período de Ángel
Rama como redactor responsable
La cabeza de Marcha fue, sin duda, su director Carlos Quijano, pero en los 35 años de su existencia pasaron por el semanario varios redactores responsables. Ángel Rama (1926-1983), destacado ensayista, crítico literario, narrador, investigador y docente, ocupó ese cargo en dos períodos. Junto a Manuel Flores Mora entre octubre de 1949 y junio de 1950, y en solitario entre marzo de 1959 y febrero de 1968. A diferencia de otros escritores pertenecientes a su generación, Rama se formó con la lectura y las ideas de Quijano y Marcha. Según los datos citados anteriormente, su segundo período en Marcha junto con el de Emir Rodríguez Monegal fueron los más prolongados.
A pesar de que al principio mantuvo un estilo mesurado, cauto, su dirección fue “absorbente, sin concesiones mayores a otros colaboradores” (Rocca, 1992: 133). Llegó con la clara intención de permanecer largo rato y le dio un aire nuevo al semanario. Encontró en la página literaria una infraestructura ya montada por Rodríguez Monegal, pero él la “potenció y renovó con su trabajo y sus ideas” (ídem: 201). Al igual que sus antecesores, continuó con el menosprecio hacia las generaciones pasadas (excepto la del 900), pero también se encargó de “educar” al lector y de darle espacio a la nueva producción literaria nacional.
La década del sesenta fue muy conflictiva para el Uruguay, esperanzada y amarga para América Latina. A nivel literario se produjo el boom editorial, es decir, el auge de la narrativa latinoamericana. La rebeldía literaria, existencial y crítico-social de los escritores, provocó que las letras latinoamericanas explotaran, influidas por las lecturas de Joyce, Kafka, Proust, Hemingway. Rama se preparó para encabezar la nueva crítica y se dedicó a analizar, evaluar, y difundir este proceso.
La expansión de sus actividades académicas y editoriales (editorial Arca por ejemplo), afectó su caudal de críticas periodísticas. Eso lo llevó a delegar tareas y más tarde a dar un paso al costado.
Coincide con este segundo período que ocupó como responsable de la sección literaria, la aparición de un joven escritor peruano que rápidamente conquistó un sitial de privilegio en las letras hispanoamericanas: Mario Vargas Llosa.
Biografía y bibliografía de Mario Vargas
Llosa en el período relevado (1962-1973)
Mario Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú (1936). Cursó sus primeros estudios en Cochabamba (Bolivia), y los secundarios en Lima y Piura. Se licenció en la Universidad de San Marcos de Lima y se doctoró en la de Madrid. Residió durante algunos años en París y posteriormente en Londres y Barcelona.
Aunque había estrenado en 1952 un drama en Piura y publicado en 1959 Los jefes –libro de relatos que recibió el Premio Leopoldo Alas–, su carrera literaria cobró notoriedad con la publicación de la novela La ciudad y los perros (Seix Barral, 1963), que obtuvo el Premio Biblioteca Breve de 1962 y el Premio de la Crítica en España en 1963.
En 1966 apareció su segunda novela La casa verde (Seix Barral), que logró asimismo el Premio de la Crítica en 1966 y el Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos en 1967. Posteriormente publicó el relato Los cachorros (Seix Barral, 1967), la novela Conversación en La Catedral (Seix Barral, 1969), el estudio García Marquez: historia de un deicidio (1971), y la novela Pantaleón y las visitadoras (Seix Barral, 1973).
Sus primeros artículos en Marcha
El primero de una extensa serie de artículos de Mario Vargas Llosa que Marcha publicó, está dedicado al escritor francés Vladimir Pozner. Fue enviado especialmente desde París, donde residía por ese entonces. En él destaca que “es alentador encontrar a alguien que desdeñando la moda y el éxito fácil, emplea su fantasía y su conciencia de escritor en mostrarnos que no hay arte perdurable a espaldas de la historia y que ésta es, únicamente, obra de los hombres” (Nº 1108). La mayoría de los artículos de esta primera etapa tratan sobre libros publicados recientemente, o sobre autores de su preferencia. El comentario anteriormente citado sirve como ejemplo de algo que se repetirá en sus siguientes artículos, donde manifiesta con sus opiniones una especie de declaración de principios como escritor.
El segundo artículo está dedicado a la presentación de los Carnets de Albert Camus, empieza diciendo: “Un autor conquista grandes masas de lectores de la misma manera que las pierde: misteriosa y repentinamente” (Nº 1113). De Camus opina arriesgadamente que “ya no es el príncipe rebelde de la juventud francesa, y hoy ocupa el lastimoso puesto de un escritor oficial, desdeñado por el público”. Y desliza un gusto personal “El extranjero es una de las mejores novelas modernas”. Pero su fuerte personalidad aflora y pasa a la crítica dura, punzante,
después de leer los Carnets no cabe duda alguna: la gloria, la popularidad de Camus, reposaban sobre un malentendido. Los lectores admiraban en él a un filósofo […] el propio Camus se precipitó en la trampa en que habían caído sus admiradores y en los últimos años de su vida se reconoció en esa falsa imagen
o sino “Él era admirable cuando se dejaba guiar por la intuición y la imaginación y un mediocre escritor cuando se abandonaba a la reflexión pura”. Para ser justo con Vargas Llosa, habría que decir que pasa con facilidad de un extremo al otro, y ahora para dignificar al criticado opina que “además de ser un impecable narrador, está dotado de una extraordinaria fantasía”.
Su tercer artículo es por demás interesante, ya que describe su reciente visita a Cuba. La Revolución Cubana (1959) marcó un antes y un después en las ideas y opiniones políticas en toda Latinoamérica, y por supuesto Marcha no estuvo ajena a semejante acontecimiento. El joven Mario Vargas Llosa comparte sus impresiones
vuelvo convencido de dos hechos que me parecen fundamentales: la Revolución está sólidamente establecida y su liquidación sólo podría llevarse a cabo mediante una invasión directa y masiva de EEUU […] y en segundo lugar, el socialismo cubano es profundamente singular, muestra diferencias flagrantes con el resto de los países del bloque soviético (Nº 1136).
Cabe destacar que este artículo, al contrario de los dos anteriores que aparecieron en la sección literaria, por obvias razones se publicó en la sección política.
En base a experiencias vividas con ciudadanos cubanos en una granja, pregunta a un administrador acerca de Fidel Castro “¿Y si Fidel muriera, quien podría reemplazarlo a la cabeza de la Revolución?”. Y aquel responde, “Nadie, es decir, la Revolución continuaría, pero no sería lo mismo, le faltaría un no sé qué”. Vargas Llosa destaca la figura de Fidel como líder indiscutido del pueblo cubano y de la Revolución. Asimismo, reconoce que “no existe una censura destinada a preservar la pureza ideológica de las publicaciones”, y que “el reconocimiento del marxismo [...] no impide, al menos por ahora, la existencia de otras corrientes ideológicas y que estas puedan expresarse libremente”.
En esos días Cuba atravesaba momentos críticos. La cuestión estaba centrada en si los cohetes rusos debían o no permanecer en la isla. La invasión de EEUU parecía inminente. Pero, si bien Vargas Llosa parece estar entusiasmado con la experiencia cubana, no manifiesta abiertamente en el artículo una opinión favorable. Muchos años más tarde se mostraría contrario a las ideas marxistas y por ende a Fidel Castro.
El año 1962 se cierra de forma espectacular para el novelista peruano, ya que conquista el Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral de Barcelona, con una novela inédita titulada Los impostores. Marcha celebra el acontecimiento en un pequeño artículo: “Es la primera vez que el codiciado premio es alcanzado por un escritor latinoamericano”, y recuerda que “acaba de ser discernido por unanimidad al escritor peruano Mario Vargas Llosa, que nuestros lectores conocen por tratarse de un colaborador de este semanario” (Nº 1137). A continuación se comenta el tema de la novela, y, por la descripción que se hace queda claro que se trata de La ciudad y los perros, que acabará publicándose ese mismo año.
En este período encontramos varios artículos, que Vargas Llosa continúa enviando especialmente para Marcha desde París, ocupados en el análisis de obras recientemente publicadas y de personalidades literarias. Uno de ellos está dedicado a Instantáneas (1962), el nuevo libro de Alain Robbe Grillet. Dice del autor –aunque otra vez parece más una confesión de gustos personales–, que “el novelista debe mostrar la realidad, no explicarla” (Nº 1145). A pesar de su juventud, Vargas Llosa aconseja cómo encarar la realización de una novela, pero sin caer en la pedantería, y concluye diciendo sobre Grillet que “su técnica de la mirada aún no dio ninguna obra maestra, y que hasta que esta no aparezca no se podrá hablar de revolución, sólo de alboroto”.
A continuación, encontramos otro artículo dedicado al joven poeta peruano Javier Heraud, asesinado por la policía a los 21 años en la selva Amazónica. Junto a la columna de Mario Vargas Llosa aparece otra escrita por su compatriota Sebastián Salazar Bondy, y en el medio, un poema de Heraud “Yo no me río de la muerte”. Salazar Bondy se encarga de su biografía y de su obra, así como relata en detalle su asesinato. Vargas Llosa, amigo entrañable de Heraud, se muestra impactado y dolorido ante la noticia. Afirma que “ha caído como caen los héroes, derrochando coraje”, y esto sucede en “tiempos de tomar el fusil”. El hecho de que su amigo se hiciera guerrillero significa que “Perú ha llegado a una situación límite”.
Uno de sus artículos involucra a los uruguayos, pues se refiere a la representación de las obras Barranca abajo de Florencio Sánchez, y La Dama Boba de Lope de Vega, por parte de la Comedia Nacional de Montevideo en París (Nº 1160). Vargas Llosa critica la presentación de Barranca abajo “Fue un error de perspectiva”, y dice también que “decepciona por su formalismo”, ya que el público parisino no estaba preparado para recibirla. En cambio la obra de Lope fue bien recibida por los críticos y él confiesa su fascinación por el autor. Analiza con soltura la puesta en escena, las actuaciones, los decorados, y comenta acertadamente el tema y los personajes de ambos relatos.
En un artículo dedicado a José María Arguedas, nos introduce en el tema indio en Perú (Nº 1165). En la literatura de este país sobrevino durante el modernismo una inundación de lo andino. Vargas Llosa desenmascara a escritores de la época tildándolos de “racistas”, por rebajar al indio y por defender la colonización española. El artículo, que ocupa dos carillas completas, demuestra los amplios conocimientos que sobre el tema posee el autor, y va tomando la forma de un artículo histórico. De Arguedas dice que no habla de oído, porque culturalmente hablando, ha sido un indio más, y con él está representado el mundo del indio: la fauna, la flora, la luz, el aire de los Andes.
Vargas Llosa no le hace asco a nada. Opina sobre cualquier tema con propiedad: teatro, plástica, literatura, etc. En el artículo sobre Espinoza Dueñas (Nº 1191), artista plástico multifacético, se confiesa “Yo admiro profundamente esa convicción orgullosa, insolente […] de Dueñas entre los artistas de su época”.
En ocasión de un comentario sobre la reciente publicación del libro Lima la horrible de su compatriota Salazar Bondy (Nº 1202), aprovecha para atacar la hipocresía de su país “donde la literatura se suele practicar como un pasatiempo de domingo”, y a la sociedad peruana “poco culta, y donde casi nadie lee. La literatura carece de público, porque los pobres son analfabetos, los ricos por pereza o simple estupidez”. Pero va más allá todavía afirmando que la literatura no es un medio de vida para nadie. Los escritores, desalentados por tener que ganarse el pan haciendo otra tarea a la vez, quedan condenados al exilio o a refugiarse en el alcohol. Le queda espacio para repetir una denuncia de Salazar Bondy a las Grandes Familias, que “tienen playas, clubs, universidades y colegios privados, a fin de evitar la promiscuidad con el indio, el cholo, el chino y el negro”.
Antes de publicar su segunda novela –La casa verde– Vargas Llosa adelanta en dos carillas un extracto (Nº 1217). En la introducción sin firma, se recuerda el premio Biblioteca Breve que obtuvo en 1962, y se destaca que con su primera novela conquistó “un sitio relevante en la nueva narrativa de lengua española”, pues la crítica “recibió esta novela jubilosamente”, por su “poderoso y veraz aliento, su estructuración moderna, su realismo interior, y la obra compitió para el Premio Formentor”.
Resulta llamativo un artículo dedicado a la escritora francesa Natalie Sarraute, en el cual roza la arrogancia al referirse a su obra de esta manera: “en tantos años que llevo leyendo novelas, nunca he sentido una impresión igual de aburrimiento y de asfixia” (Nº 1235). Sarraute, al igual que Grillet, está convencida que la literatura para salvarse debe constreñir su radio de acción, contra el cine y la televisión. Vargas Llosa no está de acuerdo y manifiesta que “si la literatura debe morir, que no la maten los escritores”.
Otro caso de arrogancia ¿o simple atrevimiento?, lo encontramos en la entrevista que Vargas Llosa le realiza a Alejo Carpentier, cuando luego de preguntarle sobre Los pasos perdidos y agregar que “es uno de los libros más ambiciosos de la literatura latinoamericana”, se atreve a darle al entrevistado su opinión, con motivo de su última novela aún inédita, pero que él ya leyó, con un aprobatorio “sí, sirve” (Nº 1246).
En cada artículo Vargas Llosa se arriesga con su opinión, tanto para alabar o atacar a un autor, como por ejemplo a Luis Cernuda, del cual destaca su sinceridad poco común, pero al que critica también por considerar a Balzac y a Flaubert novelistas chocantes y caducos, o sino “ya es bastante sorprendente que estime a Faulkner y a Hemingway escritores secundarios y aburridos” (Nº 1249). ¿No son éstas sus influencias literarias? Queda clara su admiración por “los iconoclastas y los inconformes, a condición de que sean consecuentes y reemplacen los valores que destruyen con otros, mejores o simplemente distintos”.
En otro artículo referido a los “escritores malditos”, manifiesta que sus obras son autobiográficas, por lo tanto, no se trata de “creadores”, sino que rescatan los hechos de su vida para “justificarse ante sí mismos y ante la sociedad de la cual […] se sienten excluidos” (Nº 1254). En cambio, rescata la “forma” que emplean y su lenguaje original, y resalta que son “individualistas, solitarios, su insolencia no tiene límites y su conducta suele ser rebelde”. Vargas Llosa sostiene que en la literatura francesa e inglesa abundan los casos de escritores malditos, no así en la española y latinoamericana, debido a que estos últimos no acostumbran escribir sus confesiones. Cabe señalar que la obra de Vargas Llosa ha sido autobiográfica en gran medida, o basada mayoritariamente en hechos reales. A diferencia del ciudadano español (él mismo vivió un año en Madrid), el francés “divulga difícilmente su intimidad a un interlocutor de ocasión”. Opina además que “sólo un sentimiento de carencia o de insatisfacción puede llevar a un hombre a escribir ficciones”.
Luego estudia tres casos de escritores malditos: Violette Leduc, cuya vida dolorosa, llena de dramas, convierte a la literatura en “la única forma de salud posible, el sustituto del masoquismo o del suicidio”; William Burroughs, toxicómano cuya novela El almuerzo desnudo, escrita desde la droga, resulta una narración sobrexcitada y eufórica, y provoca un escándalo por lo cual Vargas Llosa no lo recomienda a “niños de pantalón corto”; y por último Céline, el escritor más importante de la entreguerra para unos, controvertido por su antisemitismo para otros, en su opinión es un creador y no un pensador.
En todos los artículos reseñados hasta el momento, Vargas Llosa demuestra estar bien informado, brinda detalles, análisis, comentarios, se juega con críticas punzantes, y defiende sus gustos personales, ya sea hacia autores, obras, o estilos. De las diversas ramas del arte que analiza (plástica, pintura, teatro), la literatura tiene la prioridad en sus artículos.
El artículo referido al escritor Pierre Klossowski, trata sobre el escándalo que provocó que su novela Le Baphomet, recibiera el Premio de los Críticos. Mario Vargas Llosa no lo ataca ni defiende, pero sí resalta su vida y obra (Nº 1271).
Vuelve a la crítica teatral, en un artículo sobre Leroi Jones, revelación del año por el estreno de dos de sus obras en París. Escritor negro, joven, para sus enemigos es “un renegado racista de ideas disolventes; para sus partidarios, un poeta de elocuencia poco común” (Nº 1284). Para Vargas Llosa, Jones, como los indigenistas peruanos de hace treinta años, “es un racista al revés y postula la superioridad de la raza oprimida sobre la raza opresora”. Reconoce lo difícil que es resumir en una breve crónica lo que tiene de sensata y de arbitraria la actitud de Jones, los aciertos y errores, su planteamiento del problema negro. Este es el primer y único artículo hasta el momento que muestra a Mario Vargas Llosa dubitativo.
Interesante resulta su artículo sobre R. Gary, quien sostiene que la novela está agonizando, demolida por varios autores, desde Kafka a Sartre, Robbe-Grillet y Sarraute. Gary niega que la aparición del cine y la televisión hayan afectado la popularidad del género, y que su baja se debe a que los autores lo están asesinando (Nº 1288). Esto coincide, casualmente, con palabras de Grillet, citadas por Vargas Llosa en el artículo “Natalie Sarraute y las larvas” (Nº 1235). Da la impresión de que existe un hilo temático en los enfoques que Vargas Llosa realiza en esta serie de artículos.
En una artículo-encuesta dirigido por Carlos Nuñez desde La Habana (Cuba), realizado a diferentes escritores, en ocasión de la realización de la Conferencia Tricontinental, sobre el tema “¿Cuál es, cuál ha sido, cuál debería ser el papel del intelectual en los movimientos de liberación nacional?”, Mario Vargas Llosa abre fuego haciendo una distinción entre creador e intelectual. Declara que ambos “deben ocupar un puesto en la lucha por la liberación nacional, en cuanto ciudadanos” (Nº 1291). Entiende que el escritor latinoamericano no tiene que lamentar la desaparición de un sistema que “luchamos por destruir o reemplazar”, como ciudadano y como intelectual. Pero cree que en el creador existe algo intuitivo, espontáneo, que le provoca una duplicidad entre ser fiel a una idea política y al mismo tiempo ser fiel a su vocación. Si ambos coinciden muy bien, de lo contrario se plantea una tensión.
En su siguiente artículo trata el caso Siniavski-Daniel, y lo abre con una declaración que otra vez llama la atención por la postura contraria que tomará unos años más tarde: “los escritores que creemos en el socialismo y que nos consideramos amigos de la URSS debemos ser los primeros en protestar […] por el enjuiciamiento y la condena de Andrei Siniavski y Yuli Daniel” (Nº 1294). La publicación de dos relatos fantásticos y de un ensayo contrarios al socialismo, fueron el pretexto, según Vargas Llosa, para la condena de ambos como escarmiento ejemplar y preventivo para los escritores soviéticos. Por eso considera esto un acto injusto, cruel e inútil, que no favorece en nada al socialismo. Asegura que todos los regímenes han tratado de domesticar a la literatura, y que la sociedad del futuro debe suprimir los obstáculos para que el escritor pueda escribir libremente.
Pequeña es la reseña que destaca la obtención del Premio de la Crítica española (1966), por su novela La casa verde, premio que también recibió por su primera novela (Nº 1349).
Desde Londres, Mario Vargas Llosa envía un artículo comentando a su vez una serie de artículos publicados pocos años antes en el New York Times, que acusaban a la CIA de financiar al Congreso por la Libertad de la Cultura y a publicaciones auspiciadas por dicha organización (Nº 1354). Esta información que provocó revuelo en Europa y América Latina, fue desmentida por dirigentes del Congreso. Los diarios londinenses –por este motivo Mario Vargas Llosa publica el artículo–, un año y medio después del inicio de este conflicto, esclarecieron el asunto confirmando que el secretario ejecutivo del Congreso era el encargado del envío de dinero desde la CIA hacia publicaciones culturales occidentales desde 1953. Entre ellas se encontraba, supuestamente, la cuestionada revista parisina Mundo Nuevo, dirigida por el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, quien fuera redactor responsable de Marcha en los períodos 1944-1947 y 1950-1957. Por este motivo, Ángel Rama y Emir Rodríguez Monegal agudizarían las diferencias y los entredichos que tiempo atrás los habían distanciado.
Mario Vargas Llosa hace una crónica detallada de la historia, al mejor estilo periodista-investigador policial, basado en el caso de la revista inglesa Encounter. Destaca que la consecuencia más grave de este conflicto fue la desconfianza que sembró entre los intelectuales de la época, y apela a que estos se reúnan en una mesa a debatir de una manera limpia, para que “un escritor de izquierda y uno de derecha puedan conversar y entenderse, y hasta trabar excelente amistad”.
En el mismo momento en que Venezuela elevaba su queja contra Cuba a la OEA, y Fidel Castro pronunciaba un violento discurso contra el Partido Comunista Venezolano, se le entrega en ese país a Mario Vargas Llosa el Premio Rómulo Gallegos. El premio estaba cargado de implicaciones políticas, y Vargas Llosa en su discurso –recibió el premio de manos del mismo Gallegos–, manifestó su esperanza de la pronta liberación de América Latina, siguiendo el ejemplo cubano. La prensa amarilla consideró La casa verde como un canto a las guerrillas, y a su autor como un mercenario expulsado de su país. Marcha publicó íntegramente, el discurso en el cual Mario Vargas Llosa revela su conciencia americana, reivindicando a los escritores latinoamericanos que cumplen con su trabajo en condiciones excepcionalmente difíciles, porque “la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica” (Nº 1367). Desea que América Latina entera se emancipe y que “el socialismo nos libere de nuestro anacronismo”.
El tema patriótico surge en un artículo referido a Reivindicación del conde don Julían de J. Goytisolo. Empieza confesando su desconfianza por “los novelistas que hablan bien de su país”, porque el patriotismo es virtud de lo militar pero pobre literariamente. La literatura y la novela en especial son expresión de descontento. Vargas Llosa no concibe una sociedad con escritores silenciados por funcionarios. Lo peligroso de Goytisolo radica en que “solo quiere injuriar, agredir, desahogar una ira convulsiva contra su país”, pero de esa manera termina simultáneamente sintiéndose “visceralmente identificado” con su tierra.
Estudiando cada uno de los artículos sobre Mario Vargas Llosa publicados en Marcha, pude advertir que desde el primero (Nº 1194, 21/2/1964) hasta el último (Nº 1633, 23/2/1973), la crítica le sería en general por demás favorable. Recién con el artículo del Nº 1591, firmado por Ángel Rama, encontramos la primera crítica contraria a su obra, hecho por demás importante para este trabajo ya que provoca una respuesta de Vargas Llosa y con ésta el comienzo de una polémica entre ambos.
Es difícil saber qué motivó la primera crítica de Rama, mucho más teniendo en cuenta que en dos oportunidades lo había elogiado, en ocasión de publicarse sus dos primeras novelas.
El primer artículo publicado en Marcha sobre Mario Vargas Llosa (Nº 1194) fue escrito por Ángel Rama el 21 de febrero de 1964. Está dedicado a su novela La ciudad y los perros. Ya vimos la pequeña referencia sobre su obtención del premio Biblioteca Breve (Nº 1137), pero en ésta ocasión Rama analiza la novela premiada en un extenso artículo. Destaca que, luego de “su labor crítica seria, escribe un libro excepcional”, y que, a pesar de su juventud, hay una “participación emocional que presta respaldo seguro a la peripecia narrativa” Según Rama, a diferencia de Onetti, donde todo está paralizado, Vargas Llosa imprime a sus personajes y situaciones, al mundo ciudadano, “una velocidad ardiente, rebelde […] que lo lleva a utilizar el narrar caótico”.
Defiende al autor “estamos muy lejos de la simple imitación de un héroe sartreano”, o sino “en sus novelas lo sorprendente es la custodia más secreta y fiel de la sensibilidad amorosa a la que vemos crearse de un modo muy misterioso”. Los personajes están bien logrados, y la novela se desarrolla en un ambiente “casi fantasmal”. Rama comenta que Vargas Llosa “tiene una cosmovisión mucho más impregnada, de lo que él pudiera creer, de una soterrada sensibilidad cristiana”.
Pero deja una crítica para el final “la novela es quizás demasiado extensa, a partir de la mitad pierde su pareja y ordenada construcción”. De todos modos “esto no afecta ni restringe la lectura apasionada que motiva, ni la excelencia de su escritura”. Y concluye diciendo “dentro de la literatura peruana […] es un hito original”, alcanza en la narrativa de lengua española “un alto lugar”, así como algo inusual para un escritor “esta novela del nacimiento del hombre, ha parido un gran novelista”.
De su segunda novela La casa verde, opina Rama que estamos ante un “narrador cabal” y que “es uno de los narradores importantes de la América Hispana” (Nº 1316). Destaca que sortea con éxito el escollo que significa publicar una segunda novela, cuando la primera tuvo tanta repercusión. La casa verde es por momentos “una sucesión de arias donde un instrumentista habilísimo da la alta medida de su capacidad interpretativa”. A diferencia de su primera novela donde Mario Vargas Llosa coloniza las estructuras formales europeas, en su segunda novela se impone la creación. Para Rama se trata de una novela “nacional y latinoamericana” difícil de encontrar si no es en Perú o en el Caribe.
La polémica entre ambos comenzó con la aparición del libro García Márquez: historia de un deicidio. En un artículo Rama opina “Sorprendente: así es el abultado volumen que Mario Vargas Llosa consagró a su colega G. G. Márquez” (Nº 1591). Resalta su capacidad crítica y la atención que le presta a la obra de su colega “cosa poco habitual entre escritores”. No obstante, lo que más sorprende a Rama es la forma en que Mario Vargas Llosa utiliza la obra del escritor colombiano para realizar una tesis sobre qué es un escritor y especialmente un novelista. De esto deriva su burla sobre el título, el cual debería haber sido “Mario Vargas Llosa: historia de un deicidio”. Además, critica su concepto irracionalista en el cual “el escritor no elige sus temas sino que es elegido por ellos”. Estas opiniones ocasionan una inmediata respuesta de Vargas Llosa desde Barcelona (Nº 1602).
Para aclarar el “exorcismo” de Rama, Vargas Llosa rompe una norma de su conducta basada en que “los libros deben defenderse solos”. La excepción es provocada por la mala interpretación de Rama sobre su trabajo, y, a pesar de que lo considera un crítico respetable, contesta sus “reproches”. A la acusación sobre su regreso a la teología, Mario Vargas Llosa explica que sus “demonios” son criaturas humanas que enemistan a los hombres, y que sus “obsesiones”, como primer impulso y materia prima de sus obras, no sitúan a la narrativa fuera de lo humano.
A la censura de Rama por “manejar una metáfora más que una definición crítica fundada”, y por llamar a Gabriel García Márquez “deicida” y no “productor”, Vargas Llosa se defiende alegando que ambos términos son complementarios, y que él no pretendió segregarlos. Defiende la metáfora porque la literatura está dominada por el mundo esencialmente metafórico del lenguaje.
En seguida aclara que tampoco pretendió realizar una “dicotomía” entre la inspiración divina y la escritura racional, sino que la dimensión irracional aporta los “temas”, y la dimensión racional aporta las “formas”, existiendo entre ambas una “interdependencia irreversible”. Le sorprende que Rama “buen lector del pensamiento marxista” no lo haya percibido. No toda forma es racional, continúa explicando, ya que pueden participar la intuición y el instinto, pero en el momento de escribir, la inteligencia y la razón son la prioridad. Y concluye el artículo “para irritación de algunos perezosos”, manifestando que un escritor es totalmente responsable de su mediocridad o de su genio. Dos conceptos que Mario Vargas Llosa maneja para defenderse de las burlas de Rama, son que este se apuró y que entendió todo lo contrario.
Otro malentendido surge por una “deducción caprichosa” que Rama hace sobre su referencia al escritor como alguien “superior”. Esto le da pie al peruano para finalizar atacándolo por sus convicciones neo-lukaccsianas y su entusiasmo por Benjamín, tan pasados de moda como su propio “romanticismo satánico”.
En la respuesta de Rama se mantiene –exceptuando algunas pocas frases burlonas–, el tono respetuoso de alto nivel cultural entre ambos y la crítica dura (Nº 1603). Dice que se equivoca por tratarlo de “exorcista”, ya que si él hubiera analizado el libro habría elogiado varios aspectos, pero también habría corregido “errores de información”, así como su “desconocimiento de mucha obra de G. M”, pero sobre todo habría criticado la forma decimonónica que transforma en arcaica esta tesis. Rama selecciona algunas citas del libro de Vargas Llosa, para demostrar que su crítica es ajustada, y lo acusa no sólo de irracional sino de individualista. Por último, resalta la incoherencia entre la obra criticada y el autor.
La nueva respuesta de Vargas Llosa cierra la polémica con la esperanza de que esta tenga éxito, para beneficio de los lectores (Nº 1609). En su defensa corrige los errores “de buena fe” de Rama, con extensos análisis que involucran citas de diversos autores y obras, tal como lo hiciera el crítico en sus ataques. La ceguera, que para Rama delata el individualismo del autor, no es otra cosa que la “presencia del inconsciente” durante el proceso creativo. Aquí surge, según Vargas Llosa, la contradicción en la que cae Rama, porque si la obra fuera el resultado de la conciencia y la racionalidad, no dejaría lugar para las incoherencias (obsesiones), y aquello de que el “proceso de la creación novelesca es individualista”.
Afirma Vargas Llosa que la acusación que recibe por subestimar lo social en la creación es falsa, porque en el libro valoró lo personal, lo histórico, y lo cultural. Pero el nivel intelectual elevado de Rama se equivoca cuando acusa su tesis de oponerse al cambio social y al progreso de América Latina. Vargas Llosa cierra su último artículo publicado en Marcha, sosteniendo que para conseguir un mundo sin “demonios”, está dispuesto a sacrificar “la desaparición de esa vocación que constituye mi vida”.
Mario Benedetti considera que Mario Vargas Llosa “no sólo no mantiene a distancia a su lector, sino que lo introduce en su mundo” (Nº 1376). Dice que a La ciudad y los perros es “fácil entrar; en La casa verde es algo más arduo”; pero reconoce que de ambas es “difícil salir”. Entre ambas entiende que hay un evidente proceso de maduración, y compara la sobriedad de las descripciones con las de García Márquez. En su calidad de escritor Benedetti opina que “su actitud de creador es flexible, abierta”, y que está “al modesto servicio de la historia que se narra”.
Al publicarse La novela de Vargas Llosa, volumen que recoge la conferencia que este dictara el 11 de agosto de 1966 en el Paraninfo de la Universidad, Ruben Losa Aguerrebere opina que esta obra “permite un acercamiento a las coordenadas que signan su propia obra” (Nº 1456). En ella aborda temas desde su posición de “apasionado lector” (niveles de la realidad, mecanismos de la novela).
Cuando Mario Vargas Llosa adelanta tres fragmentos (primicia exclusiva de Marcha) (Nº 1481) de su esperada novela Conversación en la Catedral, que narra la historia de la sociedad peruana desde los tiempos de la dictadura de Odría hasta Belaúnde, J. M. Oviedo critica en el semanario dicha novela (Nº 1496) que, a diferencia de la anterior, fue recibida “con cierta temerosa reserva”, cuestionándose si es o no una novela política. Sostiene que el autor “ha evitado prolijamente el ánimo tendencioso y proselitista […] su propósito es siempre la invención: de personajes, de historias, de formas y estilos narrativos apropiados”. Asimismo, destaca que presente en una novela de dos tomos, con un esquema estructural básico, una suma de diálogos superpuestos que llegan al extremo de montar hasta dieciocho de ellos simultáneamente. Para Oviedo el libro es una venganza enorme y magistral, porque la dictadura le robó a Vargas Llosa su juventud y su inocencia.
David Gallagher, profesor de literatura latinoamericana en el St. Antony´s Collage (Inglaterra), en un artículo especial para Marcha (Nº 1514), reconoce en la obra de Mario Vargas Llosa anteriormente citada “la falta de pretensión, la intransigente autenticidad”, y dice que con ella “pretende revelarnos lo que se encuentra en el Perú detrás su fachada política y social”.
Mientras Vargas Llosa reside en Barcelona, J. Serrats Olle lo entrevista (Nº 1587), mientras aquel escribe Pantaleón y las visitadoras, para la cual regresó a su país, ya que la novela transcurre en la selva peruana. En la entrevista Vargas Llosa comenta que Sudamérica “está viviendo las últimas décadas de un momento histórico”, y que se está acabando ya “esa realidad de generales de opereta y golpes de estado circenses”, así como “la explotación grosera de la riqueza latinoamericana por compañías imperiales”. A la pregunta sobre si su marcha fue por el “Caso Padilla”, responde “fue una simple coincidencia de fechas”. Si tenemos en cuenta que la entrevista se publica en abril de 1972, los hechos posteriores se encargarían de contradecir sus opiniones.
A fines de 1968, Mario Vargas Llosa dicta una conferencia en la Washington State University. Allí expone sobre cómo reunió el material para escribir La casa verde. Esa conferencia se publica bajo el título Historia secreta de una novela (Barcelona, Tusquets, 1971). Para Jorge Ruffinelli el libro resulta “implacable, ameno, brillante, como es ya habitual en este escritor”, pero a la vez polémico cuando extrae principios válidos (Nº 1590).
El último artículo que se publica en Marcha sobre Mario Vargas Llosa comenta la publicación del libro Asedios a Vargas Llosa, recopilación de varios de los mejores artículos sobre su obra (Nº 1633). Contiene material de los críticos uruguayos Emir Rodríguez Monegal y Carlos Martínez Moreno, entre otros. Mientras tanto Vargas Llosa continúa escribiendo la novela Pantaleón y las visitadoras.
Artículos de Mario Vargas Llosa publicados en
Marcha (1962-1973)
“Vladimir Pozner y el realismo”(especial para Marcha), Año XXIII, Nº 1108, Mayo 25 de 1962, p. 31.
“Revisión de Albert Camus”, Año XXIII, Nº 1113, Junio 29 de 1962, p. 31.
“Crónica de la revolución: La Habana”, Año XXIV, Nº 1136, Diciembre 7 de 1962, pp. 12-14.
“El simulacro del Realismo: Alain Robbe Grillet”, Año XXIV, Nº 1145, Febrero 15 de 1963, p. 18 y p. 23.
“Poeta, guerrillero y hombre: Javier Heraud. Dos notas de S. Salazar Bondy y M. V. Llosa”, Año XXIV, Nº 1159, Junio 7 de 1963, pp. 30-31.
“Don Zoilo en París, (Especial de nuestro corresponsal en Francia), Mario V. Llosa”, Año XXIV, Nº 1160, Junio 4 de 1963, p. 22.
“José María Arguedas descubre al indio auténtico”, Año XXV, Nº 1165, Julio 19 de 1963, pp. 30-31.
“El arte comprometido de Espinoza Dueñas (desde París)”, Año XXV, Nº 1191, Enero 24 de 1964, p. 29.
“Un mito, un libro y una casta”, Año XXV, Nº 1202, Abril 24 de 1964, p. 29.
“La ciudad y el forastero”, Año XXVI, Nº 1217, Agosto 7 de 1964, p. 7 y p. 9.
“Natalie Sarraute y las larvas” (Especial para Marcha), Año XXVI, Nº 1235, Diciembre 11 de 1964, pp. 28-29.
“Cuatro preguntas a Alejo Carpentier (carta de París)”, Año XXVI, Nº 1246, Marzo 12 de 1965, p. 31.
“Ensayos de un refractario, Cernuda I y II (carta de París)”, en Segunda Sección, Año XXVI, Nº 1249, Abril 2 de 1965, p. 11.
“Tres «malditos» contemporáneos (carta de París)”, en Segunda Sección, Año XXVI, Nº 1254, Mayo 14 de 1965, p. 1 y pp. 8-10.
“Una exposición de exiliados (carta de París)”, Año XXVII, Nº 1266, Agosto 6 de 1965, p. 17.
“Proust en fotos (carta de París)”, Año XXVII, Nº 1268, Agosto 20 de 1965, p. 28.
“Pierre Klossowski Heresiarca” (Especial para Marcha), Año XXVII, Nº 1271, Setiembre 10 de 1965, p. 31.
“Sexo, racismo y violencia. Leroi Jones”, Año XXVII, Nº 1284, Diciembre 12 de 1965, p. 31.
“Un ensayo de R. Gary. Muerte y resurrección de la novela”, Año XXVII, Nº 1288, Enero 14 de 1966, p. 31.
“Condenas en la URSS. Una insurrección permanente”, Año XXVII, Nº 1294, Marzo 4 de 1966, p. 30.
“La ciudad recobrada. Crónica del Paraguay”, Año XXVIII, Nº 1320, Setiembre 9 de 1966, pp. 28-29.
“Papá Hemingway: ¿una vileza legítima?”, Año XXVIII, Nº 1325, Octubre 14 de 1966, p. 32.
“Epitafio para un imperio cultural”, Año XXVIII, Nº 1354, Mayo 27 de 1967, p. 31.
“Discurso de Recepción del Premio Rómulo Gallegos”, Año XXIX, Nº 1367, Agosto 26 de 1967, p. 31.
“Un caso de censura en Gran Bretaña”, Año XXIX, Nº 1383, Diciembre 15 de 1967, p. 29.
“Conversación en la catedral”, Año XXXI, Nº 1481, Febrero 6 de 1970, p. 30-31.
“Luzbel, Europa y otras conspiraciones”, Año XXXI, Nº 1492, Mayo 8 de 1970, p. 14 y p. 16.
“Reivindicación del conde Julián”, Año XXXIII, Nº 1553, Julio 23 de 1971, p. 31.
“Respuesta a Ángel Rama. El regreso de Satán”, Año XXXIV, Nº 1602, Julio 21 de 1972, p. 30-31.
“Respuesta a Ángel Rama. Resurrección de Belcebú”, Año XXXIV, Nº 1609, Setiembre 8 de 1972, p. 30-31.
Artículos sobre Mario Vargas Llosa
publicados en Marcha (1962-1973)
BENEDETTI, Mario, “Las dentelladas del prójimo”, Año XXIX, Nº 1376, Octubre 27 de 1967, p. 29.
GALLAGHER, David, “Vargas Llosa: la fecunda aventura”, Año XXXII, Nº 1514, Octubre 9 de 1970, pp. 30-31.
LOZA AGUERREBERE, Ruben, “Una manera de existir”, Año XXXI, Nº 1456, Agosto 1 de 1969, p. 29.
NUÑEZ, Carlos, “El papel de los intelectuales en la Liberación Nacional”, Año XXVII, Nº 1291, Febrero 4 de 1966, pp. 20-21.
OVIEDO, José Miguel, “La dictadura como mutilación y podredumbre”, Año XXXI, en Segunda Sección, Nº 1496, Junio 5 de 1970, pp. 14-15.
RAMA, Ángel, “De cómo sobreviene lo humano”, Año XXV, Nº 1194, Febrero 21 de 1964, pp. 29-30.
___________, “La ciudad y el forastero”, Año XXVI, Nº 1217, Agosto 7 de 1964, p. 7 y p. 9.
___________, “Las arias del virtuoso”, Año XXVIII, Nº 1316, Agosto 13 de 1966, pp. 30-31.
___________, “A propósito de “Historia de un deicidio. Vade retro”, Año XXXIII, Nº 1591, Mayo 5 de 1972, p. 31.
__________, “Respuesta a Vargas Llosa. El fin de los demonios”, Año XXXIV, Nº 1603, Julio 28 de 1972, pp. 30-31.
RUFFINELLI, Jorge, “Cuaderno de lecturas. Provocando a los demonios”, Año XXXIII, Nº 1590, Abril 28 de 1972, p. 30.
____________, “Sobre libros y escritores”, Año XXXIV, Nº 1633, Febrero 23 de 1973, p. 29.
SERRATS OLLE, J., “Vargas Llosa en Barcelona”, Año XXXIII, Nº 1587, Abril 7 de 1972, p. 30.
S/firma, “Premio a Mario Vargas Llosa”, Año XXIV, Nº 1137, Diciembre 14 de 1962, p. 29.
S/firma, “Vida Cultural. Premio a V. Llosa”, Año XXVIII, Nº 1349, Abril 21 de 1967, p. 30.
ALFARO, Hugo R., Navegar es necesario. Quijano y el Semanario Marcha, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1984.
ROCCA, Pablo, 35 años en Marcha. (Crítica y Literatura en MARCHA y en el Uruguay
1939-1974), Montevideo, IMM/División Cultura, 1992.